El perfil de egreso de la Educación Básica

El perfil de egreso define el logro educativo, traducido en “rasgos deseables”, que un alumno debe lograr progresivamente a lo largo de los tres niveles educativos: preescolar, primaria y secundaria, trayecto que dura 12 años.

En este sentido, alcanzar dichos “rasgos deseables” es un asunto multifactorial: el alumno como responsable de su propio aprendizaje, todos los profesores que lo acompañan a lo largo del trayecto educativo y contextos en los que se desenvuelve el alumno. Todos ellos influyen positiva o negativamente en el logro del perfil de egreso.

Diez rasgos del perfil de egreso

El egresado de la Educación Básica:
Se comunica con confianza y eficacia. Utiliza su lengua materna (y el español) para comunicarse con eficacia en distintos contextos con múltiples propósitos e interlocutores. Puede comunicarse en inglés.
Desarrolla el pensamiento crítico y resuelve problemas con creatividad. Al analizar situaciones, argumenta y razona, identifica problemas (matemáticos y de otra índole), formula preguntas, fundamenta sus juicios, propone soluciones, aplica estrategias y toma decisiones. Busca información en diversas fuentes, sabe seleccionarla, analizarla y evaluarla. Elabora, define, analiza y evalúa sus propias ideas con el fin de mejorar y maximizar los esfuerzos creativos.
Tiene iniciativa y favorece la colaboración. Sabe trabajar de manera colaborativa; reconoce, respeta y aprecia en los otros la diversidad de capacidades y visiones; puede modificar, en consecuencia, sus propios puntos de vista; emprende y se esfuerza por lograr proyectos personales y colectivos.
Muestra responsabilidad por su cuerpo y por el ambiente. Promueve y asume el cuidado de su salud y del ambiente como condiciones que favorecen un estilo de vida activo y saludable. Aprovecha los recursos naturales con racionalidad.
Posee autoconocimiento y regula sus emociones. Conoce y valora sus características y sus potencialidades como ser humano; al relacionarse con otros es tolerante y despliega su civilidad; sabe dominar sus emociones, expresar su afecto y construir vínculos a partir de las capacidades propias y ajenas.
Sabe acerca de los fenómenos del mundo natural y social. Lee y se informa sobre procesos sociales, económicos, financieros, científicos, tecnológicos, culturales y naturales de México y el mundo. Los interpreta y explica aplicando su conocimiento del progreso científico y los principios del escepticismo informado. Identifica y cuestiona los fanatismos y al tomar decisiones, individuales o colectivas, procura la equidad.
Aprecia la belleza, el arte y la cultura. Reconoce diversas manifestaciones del arte y la cultura, valora la dimensión estética del mundo y es capaz de expresarse con creatividad.
Cultiva su formación ética y respeta la legalidad. Conoce, respeta y ejerce los derechos humanos y los valores que favorecen la democracia como forma de vida, el Estado de derecho y las instituciones; actúa con responsabilidad social, solidaridad y apego a la ley. Contribuye a la convivencia pacífica y al interés general de la sociedad; rechaza todo tipo de discriminación.
Asume su identidad y favorece la interculturalidad. Se identifica como mexicano; valora y ama su país; tiene conciencia de la globalidad; asume y practica la interculturalidad como riqueza y forma de convivencia en la diversidad social, cultural y lingüística de México y el mundo.
Emplea habilidades digitales de manera pertinente. Conoce y aprovecha los recursos tecnológicos a su alcance como medios para comunicarse, obtener información, seleccionarla y construir conocimiento.

Tecnología no es enemiga de la educación; debe ser aliada de las escuelas: CIIE 2016

En el marco del cierre del Tercer Congreso Internacional de Innovación Educativa “Transformando la educación para los retos del futuro”, organizado por el Tecnológico de Monterrey, el empresario educativo y escritor norteamericano Bryan Alexander, aseguró que aunque la tecnología implica tanto aspectos positivos como negativos, no es un enemigo de la educación.

“Tendencias como los videojuegos, las video-llamadas y las redes sociales, e incluso las simulaciones y la automatización de las cosas, pueden ser grandes herramientas para los estudiantes, los profesores, y el resto de los actores que participan en la academia. Es por eso que debemos aprender a sacar provecho de estos avances y empezar a implementarlos en nuestras escuelas”, señaló.

Por su parte, Michael Crow, Rector de Arizona State University, reconoció que los estudios superiores son actualmente inequitativos, ya que no todos pueden costearlos, y no todos pueden acceder a programas de calidad.

En este sentido, invitó a todas las universidades mexicanas a unirse a una transformación integral al interior de sus instituciones y exista entre ellas, mayor cooperación.

Finalmente, Salvador Alva, Presidente del Tecnológico de Monterrey enfatizó la importancia de la innovación educativa como pieza fundamental para la transformación no solo de los individuos, sino de las instituciones.

El Tercer Congreso Internacional de Innovación Educativa “Transformando la educación para los retos del futuro” se celebró del 12 al 14 de diciembre, en el Campus Ciudad de México. Casi 3 mil 300 participantes de 31 países y alrededor de 670 instituciones formaron parte de las más de 500 actividades en 4 temas: Tendencias educativas, Tecnologías para la educación, Gestión de la innovación educativa e Innovación académica de la salud.

Fuente: www.educacionfutura.org

¿Para qué se aprende? Los fines

La educación contribuye a formar ciudadanos libres, participativos, responsables e informados, capaces de ejercer y defender sus derechos, que participen activamente en la vida social, económica y política de México. Es decir, personas que tengan la motivación y capacidad de lograr su desarrollo personal, laboral y familiar, dispuestas a mejorar su entorno social y natural, así como a continuar aprendiendo a lo largo de la vida, en un mundo complejo que vive cambios vertiginosos. Prepara a los estudiantes para la vida en su sentido más amplio. Debe garantizar su educación integral asegurando aquellos contenidos que, de no ser aprendidos, dejarían lagunas difíciles de subsanar en aspectos cruciales para la vida.

La educación tiene como objetivo ayudar a las personas a que logren un mejoramiento continuo de sí mismas, mediante el desarrollo de su potencial intelectual y de los recursos culturales, personales y sociales que les permitan participar como ciudadanos activos, contribuir al desarrollo económico y prosperar como individuos en una sociedad diversa y cambiante.

En suma, las razones que responden a la pregunta “¿Para qué se aprende?” constituyen los fines de la Educación Básica y provienen de los preceptos expresados en el Artículo 3º constitucional. Estas razones son las que dan norte al currículo y se concretan en el perfil de egreso de la Educación Básica.

Nueva organización curricular

Los sistemas educativos han de estructurarse para facilitar sociedades más justas e incluyentes.

En 2014 y en el marco de la Reforma Educativa en curso, la SEP convocó a maestros, académicos, padres de familia, investigadores, alumnos, legisladores, autoridades, organizaciones sociales y en general a toda la población interesada en buscar alternativas que garanticen la calidad de la educación para que expusieran sus puntos de vista en los Foros de Consulta Nacional para la Revisión del Modelo Educativo. Entre los temas abordados ahí hay dos que son críticos para la construcción del currículo: “El reto de educar a los mexicanos en el siglo XXI” y “Qué es hoy lo básico indispensable”. Entre los participantes hubo consenso acerca de que la Educación Básica debe:

  • Formar estudiantes analíticos, críticos, reflexivos y capaces de resolver problemas;
  • Centrar la atención en el estudiante para transitar del énfasis en la enseñanza al énfasis en el aprendizaje;
  • Contar con programas con menos contenidos y mayor profundización en los temas de estudio;
  • Formar a los alumnos en el manejo de sus emociones;
  • Tomar en cuenta el contexto, las necesidades, los intereses y los estilos de aprendizaje de los alumnos;
  • Fomentar la tolerancia, el respeto, la convivencia, la interculturalidad y promover la equidad de género;
  • Propiciar la construcción de redes de trabajo que favorezcan la colaboración entre docentes y entre estudiantes;
  • Fortalecer la autonomía escolar;
  • Promover una mayor participación de los padres de familia en la gestión escolar.

Esta Propuesta curricular incorpora muchos de los planteamientos vertidos en los Foros y se sitúa en el marco de la educación inclusiva, la cual plantea que los sistemas educativos han de estructurarse de modo que faciliten la existencia de sociedades más justas e incluyentes. Y en ese sentido, la escuela ha de ofrecer a cada estudiante oportunidades para aprender que respondan a sus necesidades particulares, reconociendo que ello:

“…no implica la sumatoria de planes individualizados de atención al estudiante desligados y abstraídos de un entorno colectivo de aprendizaje con otros pares, sino movilizar todas las potencialidades en ambientes de aprendizaje con diversidad de contextos. Personalizar es respetar, comprender y construir sobre la singularidad de cada persona en el marco de ambientes colaborativos entendidos como una comunidad de aprendizaje, donde todos se necesitan y se apoyan mutuamente.” 

Esta Propuesta responde a reflexiones y debates que los especialistas en desarrollo curricular han sostenido en los últimos años. En particular atiende a la recomendación de que el currículo ha de desarrollar, en cada estudiante, tanto sus habilidades “duras”, aquellas tradicionalmente asociadas con los saberes escolares, como sus habilidades “blandas”, aquellas vinculadas con el desempeño ciudadano, que no responden a la dimensión cognitiva. Es decir, la escuela ha de atender tanto al desarrollo de la dimensión sociocognitiva de los alumnos como al impulso de su dimensión emocional. El currículo ha de apuntar a desarrollar la razón así como el corazón, reconociendo la integralidad de la persona. Es decir, que en el proceso educativo hay que superar la división tradicional entre la dimensión intelectual y la dimensión emocional:

“El bienestar del estudiante, clave para el logro de aprendizajes relevantes y sustentables, requiere de la sinergia entre los aspectos cognitivos, emocionales y sociales, fortaleciendo la idea que la persona y la personalidad no son divisibles en partes abstraídas del conjunto”.

Otro aspecto importante en el desarrollo curricular es la relación entre lo global y lo local. Un currículo que aspire a responder a la diversidad de expectativas y necesidades de todos los educandos debe reconocer los distintos contextos en que operará dicho currículo, así como admitir la heterogeneidad de capacidades de las escuelas para responder a las demandas globales del currículo y a las específicas de su situación local. De ahí que el currículo deba ofrecer espacios de flexibilidad a las escuelas para que estas hagan adaptaciones en contenidos que convengan específicamente a su situación local.

Es preciso hacer notar que la noción de currículo ha evolucionado. Cada vez se concibe menos como una lista de contenidos y más como la suma y organización
de parámetros que favorecen el desempeño de los alumnos y que dan lugar a una particular ecología del aprendizaje.

Entre los parámetros que dan forma al currículo destacan: ¿Para qué se aprende? ¿Cómo y con quién se aprende? ¿Qué se aprende?

Las oportunidades desde las ciencias de la educación

La política educativa no puede ser ajena a los avances en la comprensión de cómo ocurre el aprendizaje. En ese sentido es indispensable observar cómo a lo largo del siglo XX se desarrollaron diversas concepciones del aprendizaje, que tuvieron mayor o menor impacto en las teorías de la educación y en las prácticas de enseñanza. Probablemente los cambios más relevantes sean el cuestionamiento al enfoque conductista, dominante en las primeras décadas del siglo pasado, y a su visión pasiva de la adquisición del conocimiento; además, el advenimiento de la psicología cognitiva, que destaca la actividad del aprendiz en el proceso de construir conocimiento. También surgió la mirada constructivista que planteó la necesidad de explorar nuevas formas de enseñanza que no siempre se han visto reflejadas en las aulas.

Otro aporte que ha enriquecido las teorías de la educación es el enfoque socioconstructivista, que considera relevante la interacción social del aprendiz. El aprendizaje es visto como “participación” o “negociación social”, proceso en el cual los contextos sociales y situacionales son de gran relevancia para producir aprendizajes. En esta perspectiva se reconoce que el aprendizaje no tiene lugar en las mentes aisladas de los individuos, sino que es el resultado de una relación activa entre el individuo y una situación, por eso el conocimiento tiene, además, la característica de ser “situado”.

A diferencia de otros campos del conocimiento, existe una gran brecha que desvincula la investigación y las prácticas educativas. Si bien es cierto que de las teorías del aprendizaje no se derivan recetas unívocas para el salón de clases, es posible e indispensable plantear pautas que orienten a los profesores en su planeación y en la implementación del currículo. En los apartados siguientes se ampliarán las oportunidades que las ciencias de la educación brindan al desarrollo curricular.

Los desafíos de la sociedad del conocimiento

El mundo de hoy experimenta veloces y continuas transformaciones cuyo centro se ubica en la generación de conocimiento. En la sociedad del saber, la comunicación de la información y el conocimiento ocurre desde distintos ámbitos de la vida social, pero corresponde a la educación garantizar su ordenamiento crítico y asegurar que las personas cuenten con acceso equitativo al conocimiento y con las capacidades para disfrutar sus beneficios, desarrollando las prácticas del pensamiento indispensables para procesar la información y las actitudes compatibles con la responsabilidad personal y social.

La educación nunca ha sido un simple mecanismo de transmisión-adquisición de conocimientos; involucra el cultivo del razonamiento lógico, el mundo de las emociones, el desarrollo del carácter y de todas las facultades y dimensiones del educando. Desde luego, los contenidos que aporta el conocimiento organizado en disciplinas y que se ha inculcado en la escuela desde el surgimiento del sistema educativo nacional, fueron y serán fundamentales. El desafío, sin embargo, radica en que hasta hace unas décadas “la plataforma global de conocimiento y las bases del conocimiento disciplinario eran relativamente reducidas y estables, lo que facilitaba la labor de la escuela”.

Hoy, en cambio, el conocimiento aumenta y cambia a gran velocidad: “Considerado en conjunto, se calcula que el conocimiento (de base disciplinaria, publicado y registrado internacionalmente) habría demorado 1,750 años en duplicarse por primera vez contado desde el comienzo de la era cristiana, para luego volver a doblar su volumen, sucesivamente, en 150 años, 50 años y ahora cada cinco años, estimándose que hacia el año 2020 se duplicará cada 73 días”

En este contexto de fácil acceso a la información y de crecientes aprendizajes informales, y a diferencia de la opinión de algunos autores que vaticinan su fin 9, la escuela sigue desempeñando una función crucial en la sociedad del conocimiento como institución fundamental para la formación integral de los ciudadanos. Esta afirmación no exime a la escuela de la responsabilidad de transformarse para cumplir su misión en la sociedad del conocimiento y seguir siendo el espacio privilegiado para la formación de ciudadanos. Uno de los objetivos de esta Reforma Educativa es precisamente contribuir a esa transformación.

El presente y el futuro demandan una formación que permita a las personas adaptarse a nuevas situaciones, que les asegure apropiarse de los mecanismos con los cuales podrán desplegar su potencial humano a lo largo de la vida. Para ello se debe desarrollar la comprensión lectora, la expresión escrita y la verbal, el razonamiento analítico y el crítico, la creatividad y, de manera destacada, la capacidad para aprender a aprender. La formación integral de los estudiantes incluye necesariamente estrategias para el desarrollo de sus emociones, oportunidades para hacer deporte y tener contacto con las artes y la cultura en general.

Al mismo tiempo, se hace indispensable incorporar a los contenidos de la educación los aprendizajes que permitirán a las personas vivir en sociedad y aportar de forma constructiva sus saberes. La educación que se necesita en el país demanda la capacidad de la población para comunicarse, trabajar en grupos, resolver problemas y usar efectivamente las tecnologías de la información.

En las sociedades del conocimiento, la educación escolarizada tiene retos nuevos y altamente desafiantes en relación con la información: garantizar el acceso sin exclusiones, aprender y enseñar a seleccionar la que es relevante y pertinente; saber evaluarla, clasificarla, interpretarla y usarla con responsabilidad. Junto con ello, el procesamiento de la información hoy disponible exige, y a la vez posibilita más que nunca, el desarrollo de funciones cognitivas superiores, como el planteamiento y la resolución de problemas, el pensamiento crítico, la creatividad y el desarrollo socioemocional, indispensables en un medio saturado de información. La educación no puede reducirse a la transmisión de conceptos.

La vigencia del humanismo y sus valores

La educación tiene la finalidad de realizar las facultades y el potencial de las personas.

En el Artículo 3º de nuestra Constitución se expresa la filosofía que orienta al sistema educativo nacional. Proporciona los fundamentos para ver la educación como posibilidad de desarrollo individual, al mismo tiempo que ubica al individuo como parte de una sociedad, a la que responde y contribuye. La Constitución establece que la educación es un derecho de los mexicanos que debe garantizar su desarrollo armónico como seres humanos. En una perspectiva claramente humanista, la educación tiene la finalidad de realizar las facultades y el potencial de las personas. Para ello es indispensable que, desde el respeto a su dignidad, se reconozcan las necesidades de los niños y adolescentes, así como las capacidades implícitas en su desarrollo pleno.

La vida en sociedad requiere aprender a convivir y supone unos principios compartidos por todos. Valores históricos como la fraternidad y la igualdad, la promoción y el respeto a los derechos humanos, la democracia y la justicia son parte de los valores fundamentales del proyecto educativo. Estos no son solo conceptos que deben ser aprendidos por el educando, sino actitudes y prácticas que deben ser fomentadas y que han de dar sustento, inspiración y legitimidad al quehacer educativo. Asimismo, se plantea el aprecio y respeto a la diversidad cultural y la determinación de evitar toda forma de discriminación. Se trata, además, de formar individuos que conocen y aprecian sus raíces nacionales a la vez que reconocen su responsabilidad como personas que forman parte de una sociedad universal y que habitan un planeta compartido por todos.

Esta filosofía de la educación que se establece en la Carta Magna debe concretarse en un tiempo histórico de constantes cambios, de acelerada transformación de los conocimientos, las culturas y los procesos productivos. El planteamiento pedagógico ha de dar lugar a la mirada crítica e histórica en la que hay que formar a los educandos.

Los contenidos de la educación obligatoria

Los contenidos de la Educación Obligatoria son tema de debate permanente en todos los países. ¿Qué se debe enseñar? ¿Qué es lo prioritario? ¿Para qué? y ¿para quién? son preguntas que admiten distintas respuestas. En nuestro país tenemos una larga tradición de debate en este sentido y experimentamos vías diversas para encontrar el consenso. Ante la necesidad de seleccionar y demarcar los temas que deben formar parte del currículo, se deberán superar algunas dificultades relacionadas con la importancia de acotar la extensión de los contenidos en aras de privilegiar la profundización. Para ello es indispensable ir más allá de la acumulación de contenidos que ha resultado de los procesos de revisión y actualización del currículo a lo largo del tiempo; trascender la orientación que privilegia tanto la lógica interna de las disciplinas como la organización tradicional de los conocimientos. El currículo ha de responder a un análisis acerca de la función que cumple la educación en la sociedad. Asimismo, ha de atender a las recomendaciones derivadas de la pedagogía, las cuales establecen la importancia de focalizar la enseñanza en aprendizajes clave, en no demeritar lo fundamental, que es desarrollar las habilidades cognitivas superiores, como el pensamiento crítico, en aras de abarcar muchos temas.

En esta Propuesta:

El currículo nacional de la Educación Básica y el MCC de la Educación Media Superior establecen objetivos generales y particulares para el desarrollo de competencias fundamentales que permitan a los egresados de la Educación Básica continuar la Educación Media Superior e incorporarse con éxito a la vida adulta en todas sus dimensiones contando con las herramientas y el conocimiento necesarios para la vida familiar y ciudadana, el trabajo colaborativo, el aprendizaje permanente y el ejercicio de la autonomía personal. En la EMS, las competencias genéricas y disciplinarias deben estar articuladas con el perfil de egreso de la Educación Básica, y deben favorecer el ingreso a la Educación Superior.

El currículo nacional de la Educación Básica y el MCC de la Educación Media Superior permiten atender de manera consistente los contenidos básicos y el desarrollo progresivo de habilidades, actitudes y valores para la convivencia, procurando el equilibro entre conocimientos conceptuales, procedimentales y actitudinales. La formación en valores no está desvinculada del resto de los propósitos educativos, pues hoy se sabe que las competencias que se adquieren en la educación se componen tanto de conocimientos como de habilidades y actitudes.

El currículo nacional de la Educación Básica y el MCC de la Educación Media Superior son flexibles y abiertos, de tal manera que establece objetivos y contenidos básicos imprescindibles, como base común para todos los educandos, que en su concreción estatal (por modalidad y subsistema en el caso de la EMS) y escolar son profundizados y ampliados de acuerdo con el contexto. Además, el carácter flexible del currículo favorece que el profesor atienda los distintos estilos y ritmos de aprendizaje de los alumnos.

El currículo nacional de la Educación Básica y el MCC de la Educación Media Superior presentan una secuencia lógica y una congruencia horizontal (entre campos formativos, asignaturas y áreas de desarrollo, por grado y nivel) y una integración vertical (a lo largo de los tres niveles de la Educación Básica y entre esta y la Educación Media Superior). La definición de los contenidos curriculares es el principal marco de referencia para el quehacer educativo de las escuelas y del sistema en pleno. Es la herramienta que vertebra la práctica docente en el día a día y es el referente para padres de familia y alumnos sobre los aprendizajes que deben alcanzarse.

El currículo nacional de la Educación Básica y el MCC de la Educación Media Superior fomentan competencias para la vida que son fundamentales. Una competencia clave que estructura a otras es “aprender a aprender”, que significa aprender a pensar, a cuestionarse acerca de los diversos fenómenos, sus causas y consecuencias, a controlar los procesos personales de aprendizaje, así como a valorar que dicha competencia se construye en la interacción con otros. Para que los alumnos participen activamente en su aprendizaje deben ser capaces de actuar autónomamente y, por tanto, ser conscientes de sus procesos tanto en lo cognitivo como en lo motivacional. La autonomía se vincula directamente con la autorregulación. Ambas promueven que los estudiantes puedan manejar mejor sus emociones, monitorear sus estrategias de aprendizaje, organizar su tiempo y métodos de estudio, fijarse metas de desempeño más ambiciosas.

De igual importancia son las competencias “aprender a ser” y “aprender a convivir” que implican el desarrollo de las habilidades socioemocionales de los niños y los adolescentes. Se trata de fines que no habían sido tan explícitos para la escuela como hasta ahora. Las profundas transformaciones sociales que el siglo XXI trae consigo obligan a la escuela tanto a tener un papel cada vez más activo en el desarrollo de las capacidades que permitan a los niños y adolescentes conocerse a sí mismos como a establecer estilos de convivencia sanos y pacíficos, basados en relaciones humanas respetuosas. La escuela no es una isla, sino el espacio formativo por excelencia, que fomenta la inclusión y la equidad; por ello, si no es posible evitar que fenómenos sociales adversos a la convivencia penetren en los centros educativos, sí es posible, con la decidida participación de los docentes, de las familias y con el apoyo y acompañamiento de las autoridades educativas, construir y sostener ambientes para el aprendizaje de calidad, que se basen en el respeto tanto a los derechos humanos como a la equidad de género y que eduquen en ellos.

En la Educación Media Superior se deben generar las condiciones y disponer de los recursos necesarios para desarrollar la cuarta competencia: “aprender a hacer”.

En este sentido, el currículo debe favorecer el desarrollo de competencias profesionales, por medio de modelos que permitan mayor equilibrio entre la formación teórica y práctica y el desarrollo de habilidades como liderazgo, trabajo en equipo y comunicación, que habiliten a los educandos para el emprendimiento en el ámbito laboral o de formación profesional en el que se desempeñen.

Un currículo como el que se plantea en este documento dará la atención debida a los procesos simultáneos de aprender a aprender, aprender a ser y aprender a convivir, en la Educación Básica y Media Superior, además de aprender a hacer, en la EMS. El propósito es que los alumnos desarrollen autoconciencia, autogestión, conciencia social, habilidades para relacionarse con otros y capacidad para tomar decisiones responsables 5 con el fin de que lleguen a:

  • Entender y manejar las emociones
  • Establecer y alcanzar metas
  • Sentir y mostrar empatía hacia los demás
  • Establecer y mantener relaciones colaborativas
  • Tomar decisiones respetuosas y responsables
  • Rechazar toda forma de discriminación

Frecuentemente se piensa que en la definición de contenidos, existe una contradicción entre las exigencias propias de un proyecto humanista, fundamentado en la educación integral, y un proyecto que persigue la eficacia y la vinculación de la educación con las necesidades que impone el desarrollo del país. Por ello, para la construcción de esta Propuesta Curricular para la Educación Obligatoria se han integrado tres fuentes indispensables que nutren el planteamiento pedagógico:

  • La filosofía de la educación que orienta al sistema educativo nacional a partir de principios y valores fundamentales.
  • La demanda de capacidades que resulta del momento histórico que viven los educandos.
  • Y una cierta concepción del proceso de aprendizaje, derivada del conocimiento vigente que al respecto se ha producido en el campo del desarrollo cognitivo.

Objetivo general del curriculo de la educación obligatoria

El principal objetivo de la reforma educativa es que la educación pública, básica y media superior, además de ser laica y gratuita, sea de calidad e incluyente. Esto significa no sólo que el Estado debe garantizar el acceso a la escuela a todos los niños, niñas y jóvenes —independientemente de su entorno socioeconómico, origen étnico o género— sino que la educación que reciban les proporcionen aprendizajes y conocimientos significativos, relevantes y útiles para la vida.

El Artículo 3º. de la Constitución establece que el sistema educativo debe desarrollar “armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.”

Esto a nivel curricular implica que niños y jóvenes aprendan a aprender, aprendan a ser, aprendan a convivir y aprendan a hacer.

La Educación Básica se enfoca en las tres primeras competencias, y la Educación Media Superior en el conjunto de las cuatro competencias.

Artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
Toda persona tiene derecho a recibir educación. El Estado —federación, estados, Ciudad de México y municipios—, impartirá educacion preescolar, primaria, secundaria y media superior. La educación preescolar, primaria y secundaria conforman la educacion básica; esta y la media superior serán obligatorias.

La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.

El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos.

I. Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa;

II. El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.

Además:

a) Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo;

b) Será nacional, en cuanto —sin hostilidades ni exclusivismos— atenderá a la comprensión de nuestros problemas, al aprovechamiento de nuestros recursos, a la defensa de nuestra independencia política, al aseguramiento de nuestra independencia económica y a la continuidad y acrecentamiento de nuestra cultura;

c) Contribuirá a la mejor convivencia humana, a fin de fortalecer el aprecio y respeto por la diversidad cultural, la dignidad de la persona, la integridad de la familia, la convicción del interés general de la sociedad, los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos, evitando los privilegios de razas, de religión, de grupos, de sexos o de individuos, y

d) Será de calidad, con base en el mejoramiento constante y el máximo logro académico de los educandos;

III. Para dar pleno cumplimiento a lo dispuesto en el segundo párrafo de la fracción II, el Ejecutivo Federal determinará los planes y programas de estudio de la educación preescolar, primaria, secundaria y normal para toda la República. Para tales efectos, el Ejecutivo Federal considerará la opinión de los gobiernos de las entidades federativas, así como de los diversos sectores sociales involucrados en la educación, los maestros y los padres de familia en los términos que la ley señale. Adicionalmente, el ingreso al servicio docente y la promoción a cargos con funciones de dirección o de supervisión en la educación básica y media superior que imparta el Estado se llevarán a cabo mediante concursos de oposición que garanticen la idoneidad de los conocimientos y capacidades que correspondan. La ley reglamentaria fijará los criterios, los términos y condiciones de la evaluación obligatoria para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia en el servicio profesional con pleno respeto a los derechos constitucionales de los trabajadores de la educación. Serán nulos todos los ingresos y promociones que no sean otorgados conforme a la Ley. Lo dispuesto en este párrafo no será aplicable a las instituciones a las que se refiere la fraccion VII de este artículo;
[ … ]

¿Por qué es necesario reformar la educación obligatoria?

La Educación Obligatoria está conformada por la Educación Básica (EB) y la Educación Media Superior (EMS). La Educación Básica se cursa a lo largo de 12 grados, distribuidos en tres niveles educativos: tres grados de educación preescolar, seis grados de educación primaria y tres grados de educación secundaria. Abarca la formación de los tres a los 14 años de edad. Tiene un perfil de egreso que es resultado de los aprendizajes adquiridos a lo largo de estos tres niveles educativos. El tipo medio superior comprende el nivel de bachillerato, los demás niveles equivalentes a éste, así como la educación profesional que no requiere bachillerato o sus equivalentes.

La Educación Obligatoria requiere reformarse porque, según criterios nacionales e internacionales, los aprendizajes de los alumnos son deficientes; y porque sus prácticas no cumplen con las necesidades de formación de los niños y jóvenes que exige la sociedad actual.

En el caso de la Educación Básica, tradicionalmente el currículo se ha concebido más desde la lógica interna de las asignaturas académicas, sin duda importantes pero deja de lado las necesidades de formación de los educandos. Es muy extenso y los alumnos no profundizan con suficiencia en los temas y sin profundización los alumnos no desarrollan habilidades cognitivas superiores; y, por tanto, desestima sus necesidades de aprendizaje. No se ha logrado ofrecer una formación integral, porque no se reconoce con suficiencia los distintos aspectos del individuo a los que la escuela debe atender ni la diversidad de estilos y necesidades de aprendizaje de los alumnos. En diversas reformas educativas el currículo se ha enfocado en temas académicos y deja de lado otros aspectos fundamentales del desarrollo personal y social. Asimismo, ha sido poco flexible, por lo que no brinda a las escuelas espacios locales de decisión sobre el currículo. Estos temas fueron señalados reiteradamente en los Foros de Consulta Nacional para la Revisión del Modelo Educativo como asuntos indispensables a considerar en la Reforma Educativa en curso.

Una de las mayores fortalezas del currículo vigente es que articula los tres niveles educativos de la Educación Básica, característica que se conserva en la presente Propuesta.

En el caso de la Educación Media Superior existe una gran diversidad institucional, que se expresa en la existencia de 33 subsistemas. Hay desafíos históricos que derivan de esa diversidad, entre otros, destacan:

  • Un amplia dispersión y heterogeneidad curricular
  • La ausencia de un perfil del egresado del nivel medio superior
  • Problemas de pertinencia y relevancia de los contenidos curriculares
  • Falta de equivalencias curriculares entre los subsistemas
  • Frente a estos desafíos, la respuesta fue el diseño, en 2008, de un Marco Curricular

Común (MCC) para la Educación Media Superior (EMS). La presente Propuesta busca revisar y actualizar el MCC, dado que aún persisten problemas como los siguientes:

  • Los currículos están estructurados por áreas de conocimiento y asignaturas no integradas adecuadamente.
  • Los contenidos a menudo son poco estimulantes para los jóvenes y no los “enganchan” en sus aprendizajes.
  • No se logra el propósito de formar de manera integral a los estudiantes.
  • Existe un fuerte desequilibrio entre la formación teórica y la formación práctica.
  • Los currículos siguen sobrecargados de asignaturas e información.
  • Los currículos no atienden el desarrollo socioemocional de los jóvenes.